Purim, por Eliahu Hamra, Gran Rabino de AMIA

Después de la salida de las estrellas, este lunes celebraremos la festividad de Purim, que finalizará la noche del día siguiente.

Su significado histórico y espiritual es muy relevante. La festividad de Purim fue establecida como un día de agradecimiento y reconocimiento al Todopoderoso por la salvación del pueblo judío del decreto de exterminio que tramó Hamán, el agagueo, en tiempos del reinado de Ajashverosh (Asuero), en el Imperio Persa posterior a la destrucción del Primer Templo.

Recordamos estos acontecimientos, relatados en la Meguilat Ester que leemos durante la festividad, y agradecemos y reconocemos que incluso cuando la realidad parece imposible de cambiar, existe una Mano Suprema que conduce la historia.

Los preceptos de la festividad incluyen la lectura de la Meguilá por la noche y durante el día siguiente, donaciones a los más necesitados, el envío de porciones de comida unos a otros, y la realización del banquete de Purim.

La festividad se destaca por su carácter alegre: el uso de disfraces y máscaras, el consumo de vino, y el humor. Los preceptos no son sólo el recuerdo de un hecho histórico, sino una expresión viva de la alegría que surge de la comprensión de que cualquier situación negativa puede ser cambiada por una mano oculta que guía.

Incluso el hecho de beber vino expresa el reconocimiento de que, por encima de los cálculos y planes del ser humano, existe una conducción divina más profunda.

El estudio de la Meguilá nos enseña hasta qué punto la rueda puede girar en un instante: la historia de Purim es un relato de giros que nadie habría podido prever, y nos recuerda que incluso aquello que pareció un infortunio puede convertirse, con el tiempo, en parte del camino hacia un desenlace de salvación y alegría.

Los judíos en tiempos de Ajashverosh (Asuero) gozaban de una posición muy respetada e incluso fueron invitados al banquete del rey. Mordejai, su líder, estaba “sentado a la puerta del rey”. Y de repente la rueda giró y, en un instante, el pueblo judío cayó desde la cima del éxito al abismo más profundo, como está escrito en la Meguilá: “Porque hemos sido vendidos, yo y mi pueblo, para ser destruidos, asesinados y aniquilados”.

El milagro también ocurrió de manera inesperada. El decreto de exterminio ya había sido promulgado y sellado con el anillo del rey. Todos sabían que “todo escrito que se redacta en nombre del rey y se sella con el anillo del rey no puede ser revocado”. El malvado Hamán, el agagueo, ya había preparado una horca de cincuenta codos de altura para colgar en ella a Mordejai.

Y de repente, “aquella noche se desveló el sueño del rey”, y por la mañana la rueda giró: el rey ordenó a Hamán, el agagueo, que hiciera montar a Mordejai sobre el caballo por las calles de la ciudad y proclamara ante él: “Así se hace al hombre a quien el rey desea honrar”. Más tarde ese mismo día, a raíz de los acontecimientos en el banquete de vino, Hamán, el agagueo, fue colgado en la horca que había preparado para Mordejai.

El relato de la Meguilá refleja el modo maravilloso en que el Todopoderoso conduce Su mundo. A simple vista, el mundo parece regirse por las leyes de la naturaleza, pero en realidad hay una mano oculta que dirige los acontecimientos.

Purim nos da esperanza y nos enseña que incluso cuando uno queda atrapado en una realidad difícil y compleja, cuando según los procesos naturales parece que no hay salida, todo puede darse vuelta en un instante. Por eso dijeron nuestros sabios: “Incluso si una espada afilada está apoyada sobre el cuello de una persona, que no se abstenga de pedir misericordia”, porque el Santo, bendito sea, salva y redime aun cuando parece que la esperanza se ha agotado.

Esa esperanza late también en nuestros corazones en la dura realidad que vivimos hoy. El pueblo judío en Israel está rodeado de enemigos que aspiran a “destruir, matar y aniquilar”. Los procesos internos dentro del pueblo también preocupan mucho. Hay demasiadas divisiones y tensiones entre sus distintos sectores. Precisamente eso fue lo que dio a Hamán, el agagueo, motivo para pensar que lograría dañar a los judíos, como él afirmó: “Hay un pueblo disperso y dividido”. Desde el punto de vista natural, estos procesos conducen a conclusiones muy preocupantes, pero Purim nos recuerda que la historia puede dar giros inesperados y que la esperanza nunca se pierde.

En estos días, en los que aguardamos con temor e incertidumbre respecto del futuro, sabemos que nada puede sorprender al pueblo judío, ni siquiera los horrores más terribles del Holocausto. Porque allí, en la situación más oscura, se nos abrió la visión extraordinaria del profeta Iejezkel, quien vio al pueblo judío en el exilio de Babilonia como un valle de huesos secos en los que sopla un espíritu de vida y vuelven a levantarse. Y precisamente desde la profundidad de la oscuridad, brotó el retorno del pueblo judío a la Tierra de Israel.

Por eso, el pueblo judío es un pueblo que nunca teme al futuro, porque aquello que el futuro pueda imponernos, ya lo hemos atravesado en el pasado, y nuestros antepasados ya nos mostraron cómo pasar de la oscuridad a la luz, del exilio a la tierra y a la promesa. Y, en definitiva, sabemos cuál es el destino de la historia judía. Como dijo el rey David: “Aunque camine por el valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque Tú estás conmigo” (Tehilim 23:4). Nunca enfrentaremos el futuro solos; la experiencia de nuestros antepasados y la presencia de nuestro Di-s y el Di-s de ellos nos conducirán desde aquí hacia un futuro mejor.

Purim nos recuerda que la historia puede dar giros inesperados y la esperanza nunca se pierde.

Esta festividad nos entrega un gran legado: no resignarnos al miedo sino a creer y tener fe de que, más allá de las amenazas naturales, pueden surgir soluciones y unidad ahí donde menos se espera.

Que este Purim nos llene de sabiduría, paz y esperanza, y que se abran caminos de entendimiento y tranquilidad para todas las naciones.

El pueblo de Israel ya ha demostrado su capacidad de unirse en un solo instante y revelar el vínculo profundo e interior con el Todopoderoso y con Su Torá. Confiamos en que también ahora la rueda girará y llegará la salvación milagrosa, grande y sorprendente, con la redención verdadera y completa.

Sea la voluntad que merezcamos ver también, pronto, en nuestros días los giros favorables, la unidad interior y la salvación plena y manifiesta.

¡Por un Purim alegre, lleno de luz y esperanza!

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